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APP…ERO ¡OJO!

7 de noviembre de 2024

Hace tiempo que vengo pensando en la constante evolución tecnológica y en cómo van quedando cada vez menos cosas por alcanzar. Hay máquinas que cocinan solas; aspiradoras robots que andan por toda la casa; e incluso aplicaciones para prender el calefón de forma remota (saluden al “timer” que se va).

Con este panorama, discutible o debatible, pero real e innegable, me puse a pensar en la pregunta: “¿Peligro o beneficio?”
Bueno, bueno, imposible contestar tan a la ligera. Tal vez, dependa mucho del campo del que estemos hablando. Pero para que no se vaya tan larga la intro, hablemos de música y tecnología.

Movilizado por lo difuso de los límites que separan beneficios de trampas en torno a este tema, decidí que era necesario abordarlo desde la experiencia, el conocimiento técnico y demás. Como no tengo ninguna de estas aptitudes, me metí en los salones de la Escuela para preguntarle a parte del equipo sobre estas cuestiones que me traían inquieto, sudoroso y agitado.

En primera instancia charlé con Marcos, docente de la Escuela siempre actualizado en lo que a evolución tecnológica refiere, que -tal vez- al verme la cara de preocupado me tranquilizó un poco haciéndome entender que la evolución de las herramientas es histórica.

Empezaron a aparecer sintetizadores, samplers, en definitiva, generadores de señales que conforman un sistema de comunicación, donde el emisor es una persona.

Marcos «mate» Mateauda

Él comentaba que los instrumentos, como canales de comunicación de la generación de sonido que viene de las personas, han sido los primeros en ir evolucionando; de esta manera empezaron a aparecer sintetizadores, samplers, en definitiva, generadores de señales que conforman un sistema de comunicación, donde el emisor es una persona.
En este contexto, yendo concretamente a las aplicaciones musicales que han ido apareciendo, lo que han hecho ha sido mejorar la forma en el sistema de comunicación y reproducción. Por ejemplo, ayudan a la hora de la reproducción de una partitura, estando a solas en la tranquilidad del hogar. Cuando en otra época, para obtener una partitura, o reproducir un arreglo se necesitaba sí o sí de, bueno, básicamente juntarse con alguien; grabar y escribir.

Sobre esto, es importante recalcar que tanto él, como Christian y Mariana, han coincidido en que las aplicaciones alimentan el ser autodidacta, siempre positivo, pero que requieren del apoyo y acompañamiento del docente.

El intercambio con el docente y el trabajo sobre las dificultades particulares de cada persona son aspectos que conforman el todo.

Christian Cary

Christian, por ejemplo, hace hincapié en esta limitante. El intercambio con el docente, el ida y vuelta, y fundamentalmente, el trabajo sobre las dificultades particulares de cada persona son aspectos que conforman el todo a la hora de hacer música. Pero más allá de lo técnico, dice, que “el poder de la música compartida es maravilloso”. De la mano con esto, nos habla del enriquecimiento de las experiencias de ensambles, creaciones colectivas, y un intercambio poderoso que únicamente lo brinda el cara a cara con otros (tanto docentes como compañeros).

Mientras le daba una vuelta larga al mate (no a Marcos, que también le dicen Mate) reflexionaba que de todas formas “todas las instancias están buenas, porque lo que está bueno es estar cerca de la música, en todas las formas posibles. Todo es positivo”.

Son herramientas que sirven de apoyo a la hora de tocar, grabar y componer, pero que, sin la otra pata, la del intercambio con personas, pierden mucho valor

Christian Cary

Al igual que Marcos, hace una buena valoración de las nuevas (ya no tan nuevas) herramientas que sirven de apoyo a la hora de tocar, grabar y componer, pero que, sin la otra pata, la del intercambio con personas, pierde mucho valor.
Marcos, por su parte, nos habló de algunas apps: «Audition» o «Audacity» para grabar por canales, almacenar generación de sonido y reutilizarlo; «Musicca» para ejercicios de afinación; y «Oído perfecto» para entrenar el oído y reconocer intervalos, a modo de ejemplo. Pero también reconoce que volcarse únicamente a estas herramientas imposibilita el despeje de dudas y el trabajo particular sobre determinadas dificultades o virtudes específicas de cada persona.

«Cuando canto pongo el foco en lo que siento y no en el sonido final, y desde la sensación de facilidad voy trasladando a otros sonidos hasta que se instala un patrón fonatorio sano”.

Mariana Labrada

Siguiendo esta misma línea, Mariana, hace mucho hincapié en el aprendizaje sensoriomotor. Es decir, ir desde la práctica y lo sensorial (o sea, lo que percibe cada uno y la carga subjetiva que le imprime) a lo motor.
Ella es docente de Canto y sostiene que no todas las personas son iguales, el factor emocional que cada uno le imprime influye directamente en el equilibrio o desequilibrio a nivel vocal.
Dice: «Cuando canto pongo el foco en lo que siento y no en el sonido final, y desde la sensación de facilidad voy trasladando a otros sonidos hasta que se instala un patrón fonatorio sano”.

Pero yendo puntualmente hacia las apps, y la extrañamente llamada “Inteligencia Artificial”, me cuenta que en clases de Canto se utilizan, por ejemplo, para armar pistas para los alumnos de acuerdo a sus tonalidades: es decir, se carga la pista original y la voz del alumno y así se logra acomodar la melodía a su propia tonalidad. Increíble.
Sin embargo, piensa que “hacer música mediante tutoriales, es hacer música de forma individual, se pierde algo esencial que es el relacionamiento musical con otros” siguiendo la misma línea que Christian. ¡Deberían poner una Escuela de Música juntos!

En definitiva, me fui un poco más tranquilo, con la convicción de que las nuevas herramientas que aparecen día tras día sirven muchísimo para complementar el aprendizaje, resuelven cuestiones de forma rápida y remota, en menos tiempo, pero que sin la parte del estar en vivo con otro ser humano; nutrirse del otro; escuchar y aprender; compartir y enseñar, nos va a dejar a mitad de camino siempre. 
Como en la vida misma. 

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